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Febrero, 2020

Finca Solmark entrevista a

Pedro Jesús Sánchez Bandera

Nació y creció en Carratraca, lugar que considera abiertamente que es “su sitio en el mundo”, donde se inspira y se encuentra realmente en armonía. A los 15 años inició sus estudios de bachillerato en Málaga y, después, continuó en la UMA donde se licenció en Filosofía y Letras, rama de Geografía e Historia, en 1991. Finalizada la carrera inició una tesis doctoral sobre Prehistoria Reciente, aunque tuvo que abandonarla por no poder compatibilizar esa investigación con su actividad profesional como arqueólogo. Pero esto no le impidió seguir luchando por sus sueños y en 1998 fundó ARQUEOSUR junto con otros compañeros. Desde entonces, ha desarrollado un buen número de actividades arqueológicas relacionadas con el desarrollo inmobiliario, la recuperación de centros históricos e infraestructuras, entre otros.

En la actualidad, será por aquello de que la verdadera patria de un hombre es su infancia, alterna su labor como arqueólogo con el trabajo en el campo. Y es que a veces la vida nos lleva a combinar los ritmos urbanos con la vida pausada del pueblo. ¿Quién dijo que es incompatible estos dos mundos?

No tiene más pasatiempo que su trabajo, como ocurre cuando éste se convierte en tu pasión, en tu vocación y en la forma más auténtica de ganarte la vida en sintonía con tu propósito vital. Disfruta escuchando rock, excepto en los momentos más íntimos en los que se dedica a sí mismo y le sale la vena andaluza, decantándose más por el flamenco. Es un apasionado de la poesía y de la novela histórica y odia viajar si no es en el tiempo. Está casado y es padre de tres niñas que son la luz de sus ojos: Lucía, María Isabel y Estrella.

Eres arqueólogo. ¿De dónde te nace ese interés por la arqueología?

Pues no lo sé. Creo que es una especie de sensibilidad que me ha acompañado siempre, desde que era muy niño. Tengo en la memoria cómo me llamaban la atención las casas de campo desiertas, los hornos, las eras, las tierras de labor abandonadas, los aperos de labranza… Y recuerdo una curiosidad casi obsesiva por el tiempo en el que todo eso estaba vivo. Recuerdo, además, como todas esas cosas cobraban vida en las historias que contaban los mayores. Todo eso me fascinaba.

¿Qué actitudes y conocimientos crees que son necesarios para ser un buen arqueólogo?

En cuanto a actitudes, basta con algo de sensibilidad y sentido común. Por lo demás, la Arqueología es una ciencia social, es una forma de conocimiento basada en datos verificables. Desde ese punto de vista no es distinta a otras ciencias. Requiere un trasfondo epistemológico y una serie de fundamentos técnicos, sistemas de análisis…

¿Te ha influido el nacer en Carratraca en tu trayectoria profesional?

Puede que sí, pero no sabría decirte hasta qué punto. Como he dicho antes, la curiosidad por esa huella humana en el tiempo siempre ha estado conmigo. Carratraca ha sido el escenario donde desde muy niño podía desarrollarla.

¿Crees que el Patrimonio Artístico de este pueblo está suficientemente valorado?

Carratraca tiene un pasado fascinante que yo siempre comparo con esos pueblos del Far West americano. Ese pasado ha dejado un legado impresionante, no tanto desde un punto de vista artístico como testimonial: es fácil meterse en la piel de un viajero del tiempo andando por calles y contemplando edificios y paisajes que apenas han cambiado en doscientos años.

En cualquier caso, es un patrimonio no suficientemente valorado. Y lo que es peor, no suficientemente valorado por la propia gente del pueblo. ¡Falta pedagogía!. Y no hablo solo del patrimonio material, sino también de la toponimia, de la tradición oral, de las costumbres… Es un pueblo que nació a la sombra de un manantial y un balneario que han sido su motor y su razón de ser hasta hace poco. Hoy pueblo y balneario se dan la espalda lo que contribuye a que el carratraqueño no esté en sintonía con su propia historia.

¿Ha habido alguna excavación o yacimiento arqueológico en Carratraca y sus alrededores que merezca la pena destacar, que te haya impactado o que creas que no está suficientemente puesto en valor?

Muchos, algunos de un valor científico importante. Ninguno de ellos ha sido puesto en valor, una expresión que no me gusta porque es algo así como decir que un yacimiento arqueológico no tiene valor por sí mismo, sino que depende de que nosotros se lo asignemos. Yo prefiero términos como activación o dinamización.

De todas formas, me gustaría puntualizar que la prioridad para un yacimiento arqueológico no es su puesta en valor, sino su protección y su conservación. Un yacimiento arqueológico es un nicho de datos científicos, pero también tiene una dimensión social como recurso cultural y económico. Desde este punto de vista la puesta en valor por sí misma no tiene sentido si no es como parte de una estrategia cultural y/o económica bien definida y cuidadosamente planificada.

Tienes una empresa llamada Arqueosur, ¿nos puedes explicar qué tipo de proyectos desarrollas en ella?

ARQUEOSUR es una empresa de Arqueología. Nació hace más de veinte años con una vocación muy clara. Desde entonces hemos actuado en el ámbito de lo que se ha dado en llamar “Arqueología de gestión” o “Arqueología profesional”. Hemos participado de manera muy activa en la recuperación de los cascos histórico de ciudades como Málaga o Marbella y fruto de esa actividad son algunos hallazgos arqueológicos relevantes, como la Tumba del Guerrero actualmente expuesta en el Museo de la Aduana o el Ninfeo de los Peces en el subsuelo del Museo Carmen Thyssen Málaga.

Normalmente un arqueólogo requiere de un amplio conocimiento en otras disciplinas y campos de estudio, tales como Historia Humana, Historia del Arte, Etnología, Geografía, Geología, o Lingüística, entre otros. En tu caso, ¿consideras que hay algún área de todas estas que necesite más ayudas, apoyos o reconocimiento?

Efectivamente, la Arqueología es una disciplina muy multidisciplinar (valga la redundancia). Aunque creo que la gran cuenta pendiente de la Arqueología es superar los ámbitos académicos, salir de las universidades y publicaciones especializadas y llegar al público en general. Desde ese punto de vista, puede que estemos más necesitado de nuevas tecnologías y herramienta de divulgación netamente populares antes que de otra cosa.

Tenemos entendido que eres un enamorado también de la agricultura. ¿Cómo te surge esta pasión?

Bueno… fui un niño del campo en el sentido más amplio del término. En buena medida lo sigo siendo.

Tienes tu propia finca, Cucazorra, en la carretera que va a Álora. ¿Nos puedes explicar su actividad, características y cuáles son tus principales objetivos con este proyecto?

Cucazorra es una finca que, en esencia, apenas ha variado desde la primera mitad del pasado siglo. Una agricultura adaptada a las posibilidades de cada rincón que básicamente se traduce en áreas de regadío (cítricos y huerta) y áreas de secano (almendro y pegujal). En los últimos tiempos esa fisonomía anda un tanto perdida y desdibujada, sobre todo después del desastre de la pasada DANA. A corto plazo quiero recuperarla, devolverle su identidad implementándola con algunas mejoras y nuevos cultivos. A largo plazo tengo otros proyectos más relacionados con el turismo.

¿Qué opinión te merece la agricultura ecológica? ¿Crees que falta todavía conciencia por el cuidado del medioambiente?

Creo que “agricultura ecológica” es una marca que se ha gestado en ambientes más urbanos que rurales. ¿Sí yo practico técnicas de cultivo basadas en el no uso de biocidas, el empleo de abonos orgánicos y demás… estoy practicando agricultura ecológica? Yo prefiero considerarla agricultura tradicional.

Respecto a lo segundo, creo que sí, falta conciencia por el cuidado del medio ambiente. De lo contrario no estaríamos a las puertas de un colapso climático global.

¿Algún comentario que añadir?

Me gustaría volver sobre una idea que he expresado antes, a la desconexión balneario-pueblo. Se trata de una circunstancia que nos obliga a reinventarnos, a decidir qué queremos ser en un futuro inmediato. Desde este punto de vista, creo que Carratraca tiene un potencial considerable en recursos naturales, históricos, culturales… Sí somos capaces de aprovechar todo eso de manera sostenible no pasará mucho tiempo antes de que la gente no tenga que irse para labrarse un futuro. Solo hace falta que nos lo creamos.

SOBRE FINCA SOLMARK

Finca Solmark es un EcoTurismo Rural de origen hispano-sueco que se dedica a la fabricación, comercialización y exportación de aceite de oliva, aguacate y otros productos ecológicos a Europa. Dispone de un alojamiento rural con encanto y de varios proyectos de concienciación, divulgación y educación medioambiental.

 

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E-mail: hi@fincasolmark.com