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Marzo, 2020

Finca Solmark entrevista a

Juan Pedro Bandera

Nació en la ciudad de Málaga, elegida recientemente la Capital Europea del Turismo Inteligente, y creció allí, mientras los fines de semana y festivos los pasaba en Carratraca y Canija (bajando por el Arroyo de las Cañas, a la altura de la Venta San Antonio, que también fue patio de juegos de su infancia). En Canija, gestiona con su hermano y su padre sus tierras, en las que se cultivan aguacates, olivos, y limón ecológico. Estudió Telecomunicaciones en la UMA, acabando la carrera en 2003. Después, continuó en la Universidad, en el Departamento de Tecnología Electrónica, donde presentó su Tesis sobre robótica social en 2010, y donde continúa trabajando desde 2017 como Profesor Titular de Universidad. Ha realizado estancias de investigación en Singapur, Alemania, Inglaterra, Portugal y Cáceres, y participado en proyectos de Cooperación Internacional. Actualmente trabaja y dirige proyectos de investigación relacionados con los entornos inteligentes y la robótica social de asistencia. De hecho, precisamente en estos días está desplegando un “robot social” en la residencia Vitalia Teatinos de Málaga, para ayudar en los quehaceres diarios de los trabajadores y actuar también como facilitador social para las personas mayores que están allí. Casado y con dos hijos, le encanta viajar, leer, jugar a rol, pintar miniaturas, jugar alguna partida de videojuegos de vez en cuando y, sobre todo, tocar la batería. Comparte un grupo de música con su mujer y unos buenos amigos, con el que ya está saliendo a dar conciertos. Hoy entrevistamos a Juan Pedro Bandera.

Eres profesor de Telecomunicaciones en la Universidad de Málaga. ¿Dónde surgió tu interés por esta profesión?

Desde joven, ya me gustaban los ordenadores y también me encantaba ver cómo funcionaban los circuitos electrónicos que montaba mi hermano, que estaba estudiando Teleco. Cuando me llegó el momento de escoger la carrera a estudiar, decidí seguir sus pasos.

Lo del interés por la docencia vino después. Me quedé en la Universidad con una beca de investigación del Ministerio, haciendo la Tesis sobre robots sociales. En el tercer año de beca pude empezar a dar clases y no perdí la oportunidad. Creo que intuía que me iba a gustar, aunque nunca lo había pensado muy en serio. La verdad es que sí que me gustó…¡ y mucho! A partir de ahí, tuve claro hacia dónde quería enfocar mi vida laboral: investigar y dar clases en la Universidad.

¿Qué actitudes y conocimientos crees que son necesarios para ser buen profesor?

Pues el caso es que hay muchos ingredientes que se deben tener en cuenta: vocación, interés por la materia, nivel de conocimientos, esfuerzo, coherencia, responsabilidad, empatía, oratoria,… pero a la hora de combinarlos,…¡no hay una receta única!. Puedes mezclar todo eso de muy diversas maneras para obtener un buen profesor. Eso sí, probablemente necesites una buena ración de cada cosa para tener a un docente que realmente destaque e impacte.

Al final, lo que define a un buen profesor es su efecto sobre cada alumno. Si aprendiste en una asignatura, te lo pasaste razonablemente bien, te sirvió de inspiración, y tenías las herramientas y las ganas para seguir aprendiendo cosas de ese tema, entonces es que tuviste un buen profesor. El objetivo del docente es ser un buen profesor para el mayor número posible de sus alumnos.

El mundo de las Telecomunicaciones ha cambiado y evolucionado mucho en estos últimos años. ¿Puedes resumirnos brevemente 2 o 3 tendencias de hacia dónde van los tiros en este sector?

Bueno, puedo darte una idea de esas tendencias en los temas que controlo más: entornos inteligentes y robótica de última generación.

En entornos inteligentes vamos hacia un mundo poblado de sensores, sistemas de captación de información, procesadores empotrados integrados en cualquier objeto, y, en definitiva, automatismos cada vez más complejos. Ciudades capaces no ya de detectar, sino de predecir atascos, y redirigir el tráfico antes de que ocurran. Edificios que avisan si hay un grifo goteando. Aulas que regulan la luz de forma automática según el tipo de clase, la cantidad de alumnos, y dónde están sentados. Ordenadores que detectan cuándo te has levantado y bloquean automáticamente la pantalla. Sistemas de riego que adaptan la cantidad diaria de agua en diferentes sectores de la finca según estén el suelo, la planta y el tiempo,….¡te podría dar tantos ejemplos!.

Por supuesto, también hay quien quiere usar esta información para ver en qué anuncio se para la gente, dónde sueles ir ciertas horas, ciertos días, qué rutinas diarias tienen los habitantes de una comunidad de vecinos, y cosas así. Y querrán vender esos datos. Por desgracia, hoy día hay demasiado interés en nuestros datos personales. Será necesario tomarse muy en serio conceptos como la privacidad, la seguridad, la responsabilidad y la ética para que todos estos sensores que aparecen en todas partes se usen de forma adecuada.

En cuanto a la robótica, está dando el salto a nuestros hogares. Los robots ya no son cosa de ciencia ficción, y tampoco algo que sólo vas a encontrar en una fábrica, detrás de un cartel que pone ‘no pasar’. Ahora, en la industria tenemos co-bots, robots que cooperan mano a mano con personas, aprendiendo a ayudarlos de la mejor forma posible. También tenemos robots en las carreteras: coches autonómos que nos pueden llevar y traer sin que tengamos que preocuparnos de nada. Y se empiezan a ver robots en las casas, en los bares, en los aeropuertos,… Y no sólo limpiando, sino hablando con la gente.

La robótica social va a permitir a los robots trabajar en entornos cotidianos, con gente que puede darles órdenes y preguntarles cosas simplemente hablándoles o haciéndoles gestos. Estos robots tienen un potencial enorme, que empieza por fin a cristalizar. Pero de nuevo, se hace fundamental pensar bien cómo se van a usar estas herramientas tecnológicas. Por ejemplo, uno puede diseñar un robot social de asistencia para que reemplace al acompañante de una persona mayor. O puede diseñarlo para que ayude a ese acompañante en su quehacer. En el primer caso estamos reemplazando una relación entre personas, con una relación entre la persona y una máquina. En el segundo caso, estamos ayudando a que las personas tengan más tiempo para estar unos con otros. Desde un punto de vista ético, psicológico y social, en el primer caso estamos metiendo la pata hasta el fondo. En el segundo caso, estamos ayudando.

¿Crees que Carratraca tiene unas buenas infraestructuras de Telecomunicaciones?

Creo que tiene suficiente para poder trabajar desde allí, y para montar iniciativas relacionadas con las Telecomunicaciones y el Internet de las Cosas (IoT) en el pueblo y su entorno. Realmente hoy día, si tienes cobertura 4G se puede decir que tienes lo que necesitas.

¿Alguna sugerencia, idea o iniciativa para mejorarlas?

Estaría bien que hubiese más opciones de operadoras de telefonía. Aparte de eso, creo que Carratraca podría ser una opción muy buena para montar una red IoT que permita medir, en el pueblo y su entorno, condiciones ambientales, variables atmosféricas, consumo energético y de agua, o nivel de ruido. Luego, toda esa información se puede procesar con sistemas de Inteligencia Artificial para aumentar la eficiencia energética, detectar y predecir averías, o realizar sugerencias de uso sostenible de luz y agua. Ahora mismo se hacen estas cosas a nivel de edificio, y creo que sería factible, bonito y muy útil montar una red de este tipo a nivel municipal. Me haría mucha ilusión que Carratraca se situase a la vanguardia del despliegue de redes IoT rurales.

Hoy se habla de IA, 5G, IoT, Blockchain, Big Data, Deep Learning… ¿Qué consejo darías a las personas del mundo rural para aprender las nuevas tendencias y adoptarlas poco a poco para no quedarse atrás?

Lo principal creo que es sacudirse, de una vez por todas, los complejos que nos han repetido durante décadas muchos políticos, empresarios sanguijuelas de la costa del golf, y muchos que iban de modernos. ¡Cambiar el chip! Y, sobre todo, tener claro que vivir del campo es una opción tan válida y profesional como cualquier otra.

Aclarado eso, hay que ponerse al día. Las técnicas tradicionales pueden valer en ocasiones. Pero, en otras, es necesario actualizarse, reciclarse, formarse, aprender cosas nuevas. Como en cualquier otro trabajo. La adopción de nuevas tecnologías debe verse como algo natural para tener una finca, o un negocio rural, competitivo y rentable. Y para eso, las personas del mundo rural sólo necesitan lo que cualquier otra persona hoy día: formación, educación. Sólo así se adquiere la capacidad para valorar y utilizar todas estas nuevas herramientas.

En los medios leemos últimamente mucho sobre «el impacto ambiental de las telecomunicaciones». ¿Nos puedes ampliar este concepto y por qué es importante?

¡Es importante para nuestra salud! Vivimos inmersos en ondas de radio, de telefonía, WiFi, Bluetooth… todo eso está ahí. Que no cunda el pánico: no tiene por qué ser malo. Pero si que hay que analizar bien si tiene algún efecto sobre nosotros, o sobre nuestro entorno.

El problema que veo es que hay tantos intereses económicos de por medio, y muchas veces, tan poca ética, que no vamos a tener datos fiables sobre ese posible impacto. No antes de que se haya producido, al menos. Me resultaba sorprendente, hace unos meses, leer en el mismo diario una noticia indicando que un comité de expertos aconsejaba esperar antes de implantar el 5G… y al lado otra noticia dando una lista de ciudades donde iban a empezar a montar redes 5G. ¡Eso no es coherente!

Lo único que nos queda es mantener una sana desconfianza acerca de esos informes tan positivos, hechos muchas veces por las mismas empresas que pretenden vender esa tecnología. Y a partir de ahí, no dramatizar, y simplemente plantearse qué necesito realmente, para usar la tecnología como lo que es: una herramienta. Si hace falta, la usas. Si no hace falta, no te la compras. Al igual que debemos ser responsables con el agua que usamos, también debemos ser responsables con las Telecomunicaciones que usamos.

¿Hay algún proyecto del ámbito de las telecomunicaciones en Málaga que crees necesario impulsar?

Cualquiera que se centre en crear algo útil, sostenible y respetuoso con las personas que lo están usando. Me fastidian las necesidades creadas, el diseño de tecnologías adictivas, y el uso de las personas como productos.

Nos hemos enterado de que una de tus aficiones es el Heavy Metal. ¿Nos puedes contar un poco más sobe este hobby? ¿De dónde te viene y qué grupos sigues?

Empezó con el rock and roll y el rockabilly que escuchaban mi hermano y mi primo Pedro (el arqueólogo al que le habéis entrevistado también). Pero en la adolescencia, me fui yendo cada vez más al heavy metal y al rock duro. AC/DC, Iron Maiden, Metallica y Guns’n’Roses, en bucle. Luego la carrera fue una especie de parón hasta que, ya “currando” en mi Tesis, empecé a ir a conciertos. A conocer nuevos grupos. “La Caravana del Metal”, como nos llamábamos los amigos que ya estábamos por aquella época a la caza de festivales y conciertos, no paraba. Y en cada concierto, me quedaba embobado mirando la batería.

Así que me acabé pillando una batería de segunda mano, y montando un grupo con unos amigos. De eso ya hace quince años. Y, desde entonces, no he dejado de tocar. A base de darle a las baquetas, y sorteando un par de tendinitis en las muñecas, acabé dando conciertos en Málaga y alrededores, incluyendo Carratraca, donde tuve la suerte de poder tocar en La Bocacha, y también, en una noche mágica para mí, en el bar de la Plaza de Toros, junto a otros dos grupos con sangre carratraqueña en sus filas.   

Ahora disfruto tocando en un grupo (siempre rock, como decía Barón Rojo) con el que empezamos a salir de nuevo del local, a dar conciertos. Espero tener la oportunidad de poder tocar por aquí cerca otra vez.

¿Algún comentario que añadir?

Pocas veces me siento tan bien, tan en mi sitio, como cuando voy llevando una carga de aceitunas en el todoterreno por el carril, después de todo el día verdeando. Y aunque me flipa viajar, y he tenido el privilegio y el placer de ver los cerezos en flor en Japón, cada invierno, cuando subo a hacer leña, o a curar del repilo, o a coger aguacates, y veo los almendros, pienso lo mismo: ¡como la flor de estos almendros, ninguna!.

SOBRE FINCA SOLMARK

Finca Solmark es un EcoTurismo Rural de origen hispano-sueco que se dedica a la fabricación, comercialización y exportación de aceite de oliva, aguacate y otros productos ecológicos a Europa. Dispone de un alojamiento rural con encanto y de varios proyectos de concienciación, divulgación y educación medioambiental.

 

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